Las esponjas (Porifera) son metazoos sésiles, marinos, aunque algunos habitan aguas continentales, con un sistema acuífero en el que una capa interna de células flageladas (coanocitos) genera una corriente de agua unidireccional a través del cuerpo. Poseen células móviles con capacidad de diferenciación (totipotentes), que les confieren plasticidad morfológica.
Tienen un esqueleto interno de sílice o de calcita en forma de espículas, en la mayoría de las especies (Hooper et al., 2002), aunque otras especies pueden tener esqueletos orgánicos o incluir elementos externos, como granos de arena.
Las esponjas adultas son sésiles, con tamaños diversos desde 3-10 mm a 1,5-2 metros.
Tienen diversos modos de crecimiento, entre ellos hay formas erectas ramificadas, columnares, palmadas, amorfas, perforantes, entre muchas otras.
Las esponjas son animales filtradores que utilizan este medio para alimentarse, reproducirse, eliminar desechos, etc. Si bien los coanocitos, generadores de la corriente de agua, son los principales encargados de la captura del alimento en suspensión, la mayoría de las células en contacto con el agua pueden participar de este proceso (Hahn-Keser y Stockem, 1997). Hay esponjas carnívoras, que atrapan pequeños invertebrados por medio de filamentos que poseen espículas a modo de ganchos. Lo atrapado es digerido en el mesohile de la esponja.
El phylum cuenta con más de 10.400 especies actuales distribuidas en las clases Calcarea, Demospongiae, Homoscleromorpha y Hexactinellida.