El artículo propone que la inteligencia artificial es la fase más reciente de una revolución digital más amplia, cuyo rumbo no es un destino inevitable sino resultado de decisiones. El diagnóstico identifica nudos críticos: la reducción de la inteligencia humana a cálculo y rendimiento, la dimensión material y geopolítica de las infraestructuras digitales como problema de soberanía nacional, la colonización comercial de la vida cotidiana, la debilidad institucional frente a las grandes corporaciones tecnológicas y una desregulación de facto favorable a quienes concentran poder económico. A partir de allí, se plantean seis líneas de acción (pensar la IA desde la revolución digital, recuperar una antropología del bien común, fortalecer capacidades tecnológicas nacionales, reconstruir la vida comunitaria, fortalecer instituciones y disputar la regulación), traducidas en una agenda 2026-2027 (convocar, formar, producir, incidir). Se concluye que la pregunta por la IA es inseparable de la pregunta por la Nación.