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Frente a los crecientes problemas ambientales vinculados a los sistemas agrícolas, en los que predomina la búsqueda de rentabilidad económica por sobre la sostenibilidad a largo plazo, la Intensificación Ecológica surge como un enfoque integrador que fundamenta su acción en los procesos ecológicos que operan tanto dentro como fuera de los límites de los agroecosistemas. Esta perspectiva pone en valor la agrobiodiversidad funcional y el uso de servicios ecosistémicos —como la polinización y el control biológico de plagas— como estrategias clave para reducir la dependencia de insumos de síntesis química, favorecer la conservación de la biodiversidad y mitigar los impactos ambientales negativos del modelo agrícola convencional. Dado que muchas de estas funciones ecológicas se manifiestan a escalas superiores a la del predio individual, la Intensificación Ecológica requiere abordajes multiescalares para su análisis, comprensión y aplicación efectiva. El objetivo general de esta tesis fue evaluar la relación entre la agrobiodiversidad funcional y los servicios ecosistémicos potencial y efectivo de regulación de plagas en viñedos, tanto a escala de paisaje como predial, en una región vitícola tradicional de Mendoza, Argentina. El trabajo se llevó a cabo en el distrito de Barrancas, el cual posee un paisaje que se clasifica como “evolutivo, activo y dinámico”, ya que reflejan procesos de transformación continua como consecuencia de acciones colectivas, manteniendo resabios de procesos pasados. En este marco, en el distrito se observan claramente los procesos de transformación de la producción agrícola, y de la vitivinicultura en particular, a través de la coexistencia de viñedos de corte tradicional con varios años de antigüedad, junto a viñedos relativamente nuevos, ubicados en áreas anteriormente ocupadas por vegetación nativa. En otras palabras, Barrancas presenta una configuración espacial caracterizada por la coexistencia de áreas incultas con diversa composición y configuración dentro de una matriz vitícola heterogénea en cuanto a formas de manejo agronómico, representando un escenario propicio para estudiar las interacciones entre la biodiversidad vegetal y distintos grupos funcionales de himenópteros, incluyendo polinizadores, depredadores y parasitoides. En términos ecológicos, este trabajo sienta sus bases sobre la comunidad vegetal, que emerge como un componente estructural y funcional central, ya que actúa como soporte material de otros organismos capaces de brindar diferentes servicios ecosistémicos. A escala de paisaje, se caracterizaron las comunidades vegetales, tanto taxonómica como funcionalmente, en infraestructuras ecológicas variadas: elementos lineales, áreas naturales y seminaturales extensas y la matriz vitivinícola, distribuidas en zonas ambientales contrastantes del distrito (zona árida y zona de humedal) (capítulo 2). El análisis de vegetación reveló que la diversidad es mayor en la zona del distrito correspondiente al humedal en contraste con la zona árida, y que los corredores y viñedos presentan mayor riqueza taxonómica de especies vegetales que las áreas naturales extensas. En la zona árida, los elementos lineales sostienen comunidades vegetales estables y con predominio de especies arbustivas nativas, que no requieren intervenciones antrópicas para su mantenimiento. Además, este tipo de comunidades vegetales tiene una mejor aceptación por parte de los productores locales, ya que no albergan especies consideradas malezas o plagas que perjudiquen a los cultivos. Dado que en la zona árida los elementos lineales y las áreas naturales extensas presentaron comunidades vegetales muy similares en términos de composición específica, pero con diferencias importante en términos de diversidad funcional, se evaluó cómo estas características impactan en la composición, riqueza, abundancia y diversidad de abejas nativas, como bioindicadores del estado de conservación en las distintas infraestructuras ecológicas de la zona árida Barrancas (Capítulo 3). Los resultados de este análisis mostraron que la comunidad de abejas nativas presenta patrones acordes a la estructura vegetal descripta en dichas infraestructuras ecológicas (Capítulo 2). Los elementos lineales albergaron mayor riqueza, abundancia y diversidad de abejas que los parches naturales de mayor extensión. Estas diferencias pueden relacionarse con la alta calidad del hábitat que ofrecen, mediante una mayor oferta de recursos florales y diversidad de recursos y microhábitats, como así también aspectos relacionados con su forma alargada con alta relación perímetro/superficie, lo cual permite una complementariedad de recursos entre estos ambientes y los circundantes. Así, los elementos lineales se consolidan como infraestructuras efectivas para sostener comunidades funcionales de abejas, independientemente de su tamaño, apoyando la hipótesis de que la calidad del hábitat puede ser más relevante que su extensión. En complemento, se comparó la riqueza, abundancia, diversidad y composición de abejas nativas presentes en diferentes tipos de ambientes (área natural vs. viñedo) y sector dentro de cada ambiente (centro vs. borde), considerando además la zona ambiental donde se emplazan (zona árida vs. humedal), y la disponibilidad de recursos florales (Capítulo 4). Los resultados obtenidos mostraron que independientemente de la zona ambiental, la abundancia de abejas fue significativamente mayor en los bordes de los agroecosistemas vitícolas que en los sectores centrales. Esto no ocurrió en áreas naturales, donde la abundancia de abejas nativas fue relativamente similar en toda el área. Además, se encontró una relación positiva entre la proporción de plantas en flor y la abundancia de abejas, reafirmando el papel central de la oferta floral. Entendiendo que los agroecosistemas son sistemas socio-ecológicos complejos, modelados por diferentes actores sociales que se vinculan de manera directa e indirecta con la producción, el estudio y gestión tendientes a generar sistemas agrícolas más sustentables implican abordajes multidisciplinarios que integren percepciones, conocimientos y valoraciones de los servicios ecosistémicos, con las decisiones y prácticas de manejo que se llevan a cabo en los mismos. En este marco, se analizó el funcionamiento de los sistemas de manejo del interfilar en agroecosistemas vitícolas de Mendoza, integrando modelos teóricos basados en evidencia científica actualizada mediante diagramas causales con la percepción de técnicos del sector, a fin de identificar convergencias y divergencias que permitan evaluar el aprovechamiento potencial de los servicios ecosistémicos en dichos entornos (Capítulo 5). Los resultados mostraron que las coberturas vegetales permanentes y con especies nativas son percibidas como las más beneficiosas para la conservación ambiental y la resiliencia del agroecosistema, en línea con hallazgos científicos. En cuanto a la influencia directa del manejo agronómico, a escala predial se evaluó el efecto de la intensidad de laboreo sobre la biodiversidad vegetal y distintos grupos funcionales de himenópteros: polinizadores, depredadores y parasitoides (Capítulo 6). Se comprobó que intensidades intermedias o bajas de laboreo favorecen una mayor complejidad y heterogeneidad estructural de la vegetación, lo que se traduce en incrementos significativos en la riqueza y abundancia de polinizadores, depredadores y parasitoides. Estas asociaciones apoyan la hipótesis de que prácticas agrícolas menos intensivas promueven comunidades biológicas más diversas y funcionalmente complejas, con beneficios directos para la provisión de servicios ecosistémicos clave en paisajes agrícolas. Finalmente, se abordó el control biológico efectivo de las principales plagas de la vid en Barrancas, focalizando en dos componentes críticos del servicio ecosistémico: el complejo de parasitoides de Planococcus ficus y las tasas de depredación sobre larvas y pupas de microlepidópteros (Capítulo 7). Aunque no se observaron patrones consistentes y lineales entre intensidad de laboreo y eficacia del control biológico, se registró un complejo diverso de enemigos naturales, con especies dominantes como Anagyrus pseudococci. Además, la elevada frecuencia de depredación detectada frente a la oferta de presas centinela, atribuida principalmente a la actividad de hormigas, evidencia el rol clave de este grupo en la regulación natural de plagas, lo que abre nuevas perspectivas para optimizar prácticas de manejo que favorezcan su actividad y permanencia. Finalmente, este estudio destaca que, en ambientes áridos como los viñedos de Mendoza, los enemigos naturales forman parte de una agrobiodiversidad asociada a estos agroecosistemas que se caracteriza por sus adaptaciones a condiciones de baja humedad y escasa cobertura vegetal. Por ello, las estrategias de conservación y manejo del hábitat deben estar contextualizadas ecológicamente. Reconocer las particularidades de los organismos benéficos presentes, sus adaptaciones y las restricciones impuestas por el entorno permite avanzar hacia sistemas agrícolas más sostenibles, donde el control biológico por conservación y la gestión del hábitat a escala predial en complemento con los elementos estructurales del paisaje, constituyen herramientas clave para fortalecer la resiliencia de los agroecosistemas. En síntesis, esta tesis contribuye al conocimiento sobre la relación entre agrobiodiversidad funcional y servicios ecosistémicos en sistemas vitícolas, destacando la relevancia de infraestructuras ecológicas, el manejo agronómico sostenible y el papel de distintos grupos funcionales para la conservación de la biodiversidad y la mejora de la sustentabilidad agrícola. Los resultados refuerzan la necesidad de incorporar estrategias multiescalares y multidimensionales para promover sistemas productivos que integren producción y conservación, compatibles con los desafíos ambientales actuales.
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