En la indagación de los elementos constitutivos de la identidad latinoamericana, resulta insoslayable remitirse a un proceso de construcción de la "autoconciencia de Occidente" imbuido de las interacciones establecidas entre un paradigma civilizatorio universal y la cambiante interpretación del significado que, frente a él, le fue atribuida a la naturaleza americana a través de construcciones discursivas que alcanzaron su clara consolidación en la última parte del siglo XIX y comienzos del XX. En este sentido es posible historizar representaciones culturales ligadas siempre a la legitimidad otorgada por el conocimiento científico -aún cuando éste también sirviera de referencia para reaccionar contra él-, contribuyendo a afianzar sólidos entramados de imaginarios colectivos que atribuyeron a la naturaleza americana valores negativos o positivos, desde la relación determinista de causalidad establecida entre aquélla y el desarrollo de sus sociedades.