Una tesis es un texto que sostiene un discurso, por lo tanto en ella se debate poder... seamos conscientes de esto o no.
Siempre el discurso es poder y no solo como escenario en donde se representa una lucha por él, sino que forma parte de sus condiciones de oportunidad, posibilidad, producción y circulación. Los siempre presentes reclamos y acciones con que el poder toma, o intenta tomar, el control del lenguaje y los discursos son la mejor prueba de esto. Los ejemplos históricos y los planteos conceptuales acerca de la constitución de todo tipo de sociedad humana llevan a cabo, aunque sea en forma incipiente, procesos de reglamentación de la producción y de la distribución de los discursos a partir de definir la oportunidad y construir la posibilidad de hacerlo. Podría decirse que la regulación de discursos, lenguajes y lenguas se desarrolla como un factor constitutivo de la misma esencia organizacional de cada sociedad, en el aparente fundamento de su equilibrio y de su coherencia. Así, los procesos de resistencia social apuntan, en principio, a poder decir "en” los lugares de legitimación de esa sociedad y para ocupar hegemónicamente el sentido. Luego, al menos cuando el poder instituye las pertinencias acerca de quiénes pueden a hablar de determinados temas y están autorizados a hacerlo, los discursos "dicen”, aunque sea para seguir garantizando el derecho a decir, demostrándolo aun cuando no haya nada para decir.
Procedimientos de autorización, de evaluación, de acreditación, de control, de inclusión, de exclusión, de ritualización y mitificación, de consolidación, de censura, de ocultamiento, de desaparición… todos son parte de la construcción social del sentido histórico con que el poder consolida su proyecto de desarrollo. Así en la sociedad como en las disciplinas, los campos académicos, las prácticas y los saberes… los discursos se cargan de volumen histórico, epistemológico, ontológico y comunicacional, en un mismo proceso, es decir, al mismo tiempo y en el exacto momento de su formulación.