Desde el descubrimiento del neutrón en 1932 por James Chadwick, el uso de haces de neutrones intensos como una sonda para el estudio de la materia se ha ido incrementando sin pausa, brindando a la comunidad científica resultados únicos y valiosos en varias áreas del conocimiento. Para la cristalografía, la difracción de neutrones se ha ido convirtiendo en una herramienta fundamental. Se destaca por su precisión en la localización de átomos livianos, como hidrógeno, oxígeno o litio, en presencia de elementos pesados.