La formación docente de quienes ejercieron como profesores y profesoras de educación física en la Argentina a fines del siglo XIX presentaba una gran diversidad.
Podemos identificar grupos de idóneos, sportsman o expertos en alguna actividad física (algún deporte, cierto tipo de gimnasia, arte circense, masajistas, etcétera), extranjeros con alguna acreditación institucional o amplia reputación, médicos interesados en la cultura física, militares vinculados con algunas prácticas específicas (tiro, gimnasia militar, batallones escolares, etcétera), pedagogos o, fundamentalmente, maestros o profesores egresados de las escuelas normales creadas en el país en 1870.
Sin embargo, algo sustancial cambió entre finales del siglo XIX y principios del XX. Por primera vez, el Estado educador argentino —en plena constitución— (Lionetti, 2007; Alliaud, 2007; Pineau, 2014) centró su atención en la formación de "educadores físicos” para el ámbito escolar y civil diferenciándolo del maestro "generalista” (del maestro y profesor normalista).
Este proceso se produjo en un contexto internacional en donde las instituciones de formación docente en la especialidad de Educación Física en varios países europeos (Suecia, Francia, Alemania, España, Suiza, etcétera) o en los EEUU (Vigarello & Holt, 2005; Ljunggren, 2011; Mayoral, 2012; Torres, 2011) ya estaban funcionando y fabricando el nuevo oficio y consolidando formalmente un tipo de intervención específica vinculada no solo con la educación de los cuerpos en las instituciones educativas, sino también en instituciones y espacios de la sociedad civil en el marco del nuevo proyecto higiénico-recreacional moderno, del aumento y diversificación del uso del tiempo de ocio y de la amplia difusión del modelo de vida activo, saludable y al aire libre iniciado a mediados del siglo XIX y potenciado en varios países de Occidente en las primeras décadas del siglo XX.
La Argentina, como muchos países de América Latina (Chile, Brasil, Uruguay, Colombia, México, etcétera) (González de Álvarez, 2012) se sumaron a este proceso de carácter transnacional vinculado con la constitución de instituciones particulares de educación. Chile y Argentina fueron los primeros países latinoamericanos en materializar dispositivos de formación en Educación Física en los primeros años del siglo XX (Cornejo et al., 2011; Aisenstein, 2007).
Estos espacios educativos, lentamente, inventaron el oficio de "educador físico” a partir de una serie de características específicas que fueron variando a lo largo del tiempo: acreditación formal, transmisión de determinados saberes, habilidades y competencias, definición de un tipo particular de intervención, construcción de un tipo de identidad profesional, reconocimiento social de su experticia, circulación de ciertos rituales, ejercicio legítimo y, en lo posible, monopólico de la actividad, organización de asociaciones vinculadas con la cultura física, etcétera.
Teniendo en cuenta todo ello, a partir de los aportes generales de la historia social y cultural y las contribuciones particulares de la historia social de la educación, el presente trabajo tiene como objetivo central identificar y mapear en forma "panorámica” los diversos centros de formación que se constituyeron en la Argentina durante el largo siglo XX (sus características, lógicas, enfrentamientos y, muy especialmente, sus diferenciales capacidades para ejercer poder, influencia y autoridad), estableciendo ciertos momentos de ruptura y discontinuidad en esta historia de larga duración.