La industrialización y la globalización de los procesos culturales modificaron el papel de los intelectuales y los artistas, a la vez que despertaron el interés en este campo de diversos actores, como empresarios, economistas, gobernantes, animadores de la comunicación y la participación social y ciudadana.
Esto ha fundamentado una diversidad de investigaciones y debates en el campo académico y ha reconfigurado los contextos y competencias del ejercicio profesional de los comunicadores.
Pero la cultura también ha adquirido otro sentido y relevancia para las organizaciones sociales. Cada vez son más frecuentes en su discurso y su práctica las alusiones a la cultura como dimensión o recurso instrumentalizado políticamente confines estratégicos.
Tanto en la dimensión de lo reivindicativo (escraches, performances en el espacio callejero, etc.); como en lo formativo (mediación pedagógica de procesos de formación política); en la construcción identitaria (recreación de la mística y la cohesión grupal); en la lucha contracultural (contra hegemónica); y en la incidencia en políticas públicas a nivel local y regional (la propuesta de una ordenanza de fomento de actividades culturales, puntos de cultura); entre otros posibles objetivos.
El presente capítulo busca aportar al debate y a la producción de conocimiento en torno a este fenómeno, a partir del análisis de la agenda, el discurso y los lineamientos para la acción de organizaciones e instituciones con influencia decisiva en la temática del desarrollo (UNESCO, PNUD; etc.). Intenta además, introducir claves de lectura y reflexión que apoyen la sistematización de experiencias y estrategias implementadas por diversos actores sociales en las que se alude a la cultura y a la comunicación como dimensiones o recursos estratégicos para el logro de transformaciones sociopolíticas.