Hace casi cuarenta años —cuando los estudios sobre memoria y política recién estaban despuntando por estos lares— comencé a recorrer todo el "cuadrado” de La Plata en busca de grafitis anteriores a la transición democrática. Me interesaba recuperar aquellos mensajes políticos que habían logrado sobrevivir a las blanqueadas cíclicamente ordenadas por la última dictadura militar, en general circunscriptas a las fachadas de los edificios públicos o a las propiedades del casco céntrico. Anoté prolijamente en un cuaderno de tapas naranjas —que aún conservo— las 99 pintadas diferentes que alcancé a recobrar, pero lamento en el alma no haber sacado una sola foto: en parte porque no tenía cámara fotográfica, pero también porque pertenecía a una cultura muy distinta a la que nos habita hoy (por esos años, quien andaba tomando fotos en la vía pública, o bien eras un fotógrafo profesional o bien un servicio de inteligencia, y yo no pretendía ser lo primero ni quería que se me confundiera con lo segundo). Con una pequeña porción de esos materiales escribí un artículo periodístico; gracias a los buenos oficios de mi amigo Miguel Dalmaroni se publicó en el "Suplemento La Plata” del diario Página 12, el sábado 7 de julio de 1990. Este interludio constituye una versión levemente corregida y generosamente aumentada de esa vieja nota; mantengo el título que le puso el editor del periódico, así como los tiempos verbales —y políticos— de la narración original. Pero lo que no pude corregir es cierto tono de cursilería revolucionaria que profesaba en sus mocedades el irrecuperable autor de estas páginas.