La idea de que la lengua y el derecho son inseparables es, sin duda, difícilmente rebatible. Numerosos autores, desde el siglo XVIII hasta nuestros días, han abordado la relación entre ambos desde perspectivas diversas, pasando por la lingüística, el derecho, la filosofía y la traducción (Gibbons, 1999; Endicott, 2002; Marmor, 2014; Durant y Leung, 2017; entre otros). En la actualidad esta relación es indiscutible y nos sirve de puntapié para el estudio del campo que nos convoca: la traducción jurídica.