El epígrafe (Tres son los rasgos esenciales que caracterizan la traducción: ser un acto de comunicación, una operación entre textos (y no entre lenguas) y un proceso mental, Traducción y traductología, Hurtado Albir) reúne tres características fundamentales que organizan la actividad de traducción. En primer lugar, la dimensión comunicativa, que refiere a la función primaria de la traducción y a la necesidad de hacer comprender y hacer sentir. En segundo lugar, la dimensión textual, que determina el punto de partida y de llegada de la actividad o, dicho de otro modo, la amplitud de su recorrido: la comunicación mediada por la traducción se inicia con la lectura global y analítica de un texto escrito en una lengua determinada, ubicado en un tiempo y un espacio, y concluye con la escritura de un nuevo texto en otra lengua, todo lo cual implica la tercera característica, constituida por los procesos mentales que están supeditados a la interferencia por contacto de las lenguas y las culturas puestas en juego.