En un plano normativo, se han extendido los derechos de las y los niña/os y jóvenes, población que históricamente ha ocupado un lugar subalterno. Sin embargo, junto con las normativas, resulta necesario generar las condiciones para el cambio cultural mediante la construcción de una pedagogía que eduque la sensibilidad frente al sufrimiento social. Así, los procesos de reparación, que es un acto educativo que habilita experiencias escolares menos traumáticas, dejan como legado de transmisión una actitud ética para con otras y otros.
La irrupción relativamente reciente del "giro afectivo” en el campo educativo posibilita una mirada que hace foco en la dimensión emocional de la vida pública de la micropolítica escolar. Una cultura afectiva institucional forma un tejido apretado, donde cada sentimiento está situado en perspectiva dentro de un conjunto. La experiencia afectiva está imbricada con la realidad emocional de las sociedades donde nacemos y nos toca habitar. Las transformaciones en los modos de vivir organizan nuestras disposiciones y modos de sentir.