El control preciso de la formación de sistemas autoensamblados complejos, como, por ejemplo, los geles supramoleculares, requiere del conocimiento preciso de las interacciones intermoleculares, no covalentes, involucradas [1]. La direccionalidad de dichas interacciones es un aspecto clave que permite el diseño bottom-up de dichas arquitecturas organizadas. Las interacciones de tipo enlace halógeno (X···B) o contacto halógeno-halógeno (X···X), si bien son interacciones débiles, poseen una alta direccionalidad y pueden ser claves para el diseño de sistemas autoensamblados complejos [2].