Hace cuarenta años la Argentina recuperaba su sistema de vida democrático y dejaba atrás la más cruenta dictadura cívico-militar de su historia (1976-1983). En la actualidad, la amarga combinación de una larga y agobiante crisis socio-económica, con sus graves secuelas de empobrecimiento y agudización de la desigualdad social, junto con una débil reconfiguración de nuestro sistema de partidos y una fuerte disputa por nuevos liderazgos políticos, marcan el compás de las cruciales elecciones presidenciales que se definirán en la "segunda vuelta” a realizarse el 19 de noviembre de 2023. Sin dudas, estas complejas, intrincadas y cambiantes cuatro décadas han traído indiscutibles progresos en diferentes ámbitos de nuestra sociedad, pero la vasta cadena de adeudos económicos, sociales e institucionales no es menos abultada.
En este trabajo no pretendemos ofrecer un balance de estos años; más bien, hemos tomado sólo una arista particular de esta abigarrada serie de procesos, limitada a una pregunta clave: ¿Cómo configuran los/las/les jóvenes su experiencia con la política democrática en una porción delimitada de nuestro territorio? Pero al leer esos resultados con una mirada más amplia –que presta atención a la política nacional– creemos que es posible comprender algunos de los principales desafíos políticos actuales. En particular, nos interesa comprender la relación que elaboran los jóvenes con la democracia en el marco de una sociedad heterogénea y desigual, que no ha logrado conciliar –desde hace ya mucho tiempo– aceptables niveles de desarrollo económico, inclusión social y convivialidad ciudadana.