Podemos definir a las variables o variantes tipográficas, como aquellas diferencias en el dibujo de los signos de una familia tipográfica, que comparten características morfológicas con la fuente principal, por lo general la redonda o normal.
Desde el análisis microtipográfico, es decir el que refiere a la forma de los caracteres, podemos ubicar estas variaciones en el tono (también conocido como peso), que impacta sobre el grosor de los trazos haciéndolos más finos o más gruesos; la dirección (o inclinación), que refiere al ángulo del caracter en relación con la línea de base; y la proporción (o ancho), que define el grado de anchura del signo en relación a su altura, y genera letras condensadas o expandidas.
La inclusión del tamaño como otra de las variables principales se puede fundamentar desde la historia del diseño de letras, y un concepto macrotipográfico que refiere a los usos tipográficos en la edición de obras: la ortotipografía.
Las variables son un elemento clave para la estructuración y la jerarquización de los textos, lo que facilita la comprensión por parte de los lectores, a la vez que pueden representar los diferentes matices de la voz del autor. Para Raquel Marín Álvarez, "las variables formales de las familias de tipos son distintas voces que dan carácter al escrito” (2013, p. 49).