La historia del teatro occidental ha estado marcada durante siglos por la centralidad del texto dramático como fundamento estructurante de la escena. Desde la tradición aristotélica hasta las formas naturalistas del siglo XIX, la puesta en escena fue concebida mayormente como instancia de representación o traducción de una obra escrita. Sin embargo, a lo largo del siglo XX, este paradigma comenzó a erosionarse progresivamente. Las vanguardias históricas, las prácticas performativas y los desarrollos experimentales del teatro físico contribuyeron a desestabilizar la jerarquía textual, desplazando el foco hacia el acontecimiento escénico en su materialidad. En el marco de esta transformación, el director deja de ocupar el rol de intérprete del texto para convertirse en articulador de un sistema poético compuesto por cuerpos, imágenes, espacialidades, dispositivos técnicos y dinámicas perceptivas. El teatro ya no se organiza exclusivamente como narrativa dramatúrgica, sino como dispositivo relacional donde múltiples lenguajes coexisten sin subordinación jerárquica. El presente trabajo se inscribe en este contexto de reconfiguración paradigmática. Su objetivo es sistematizar una metodología de creación escénica desarrollada a partir de la práctica en teatro físico y performático, y situarla en diálogo con marcos teóricos contemporáneos. La hipótesis central sostiene que el objeto escénico contemporáneo puede comprenderse como un dispositivo autónomo construido a partir de una tríada estructural: imagen, acción y materialidad. Esta tríada sustituye la antigua dualidad texto/puesta en escena por una lógica relacional donde:
La imagen inaugura el proceso como matriz pre discursiva.
La acción corporal produce signo en el presente del acontecimiento.
La materialidad técnica modula la percepción y organiza el campo sensible.
Desde esta perspectiva, la creación escénica no consiste en ilustrar una dramaturgia previa, sino en producir un dispositivo perceptivo que reorganiza la experiencia estética del espectador.