Los testimonios narran historias, hechos, experiencias, que alguien trae al presente. Giorgio Agamben (2019) plantea que un testimonio es posible porque un testigo ha atravesado hasta el final un acontecimiento y por ello puede decir lo que otros no pueden decir. El modo de testimoniar tendrá que ver con aspectos singulares del testigo, como de aquello que motiva el testimonio. En Argentina, es reciente una gran proliferación de testimonios en diferentes formatos, multiplicándose en distintos ámbitos una inmensa cantidad de obras artísticas testimoniales producidas por hijos/as y familiares de desaparecidos y perseguidos políticos, quienes transitaron su infancia en dictadura, en la década del ‘70. Esto mostraría otras maneras de contar el pasado y las vivencias transcurridas, y además, que el arte sería una vía especialmente potente para expresar cuestiones difíciles de decir. Este trabajo aborda diferentes modos en que, a través del arte, han sido posibles distintas formas de expresar las experiencias vividas en el pasado reciente argentino, tan traumático para la sociedad. Es una presentación heterogénea, una especie de montaje. Contiene fragmentos de testimonios de hijas/os de desaparecidas/os, de obras artísticas, de catálogos, de archivos y ocurrencias, citas, lecturas personales, poesía y música. Pero también es un trabajo pensado como diagrama, en el que se van enlazando diferentes ideas con obras de arte, conceptos viejos con otros nuevos, tanto desde la perspectiva del psicoanálisis, como de la historia del arte y la sociología. El objetivo es observar y analizar, en el presente, cómo algunos hijos/as de desaparecidos han plasmado sus experiencias a través del arte. Y en este sentido, poder distinguir algunos aspectos conceptuales complejos, tales como el duelo y la ausencia. Más que un marco teórico, pienso una conversación de diferentes autores en una frontera porosa, por ejemplo, George Didi-Huberman, Jean Allouch, Natalia Fortuny, Mariana Eva Pérez, Gabriel Gatti y Rafael Perez.