Los ecosistemas fluviales son sistemas abiertos con una fuerte dinámica espacial en el eje longitudinal. Un proceso clave en estos sistemas es la retención de la materia orgánica de origen terrestre.
Esto ocurre por dos vías, i) la biótica relacionada con la transformación del detrito en producción secundaria de descomponedores e invertebrados detritívoros y ii) la abiótica relacionada con la inmovilización en el lecho. La hojarasca de las plantas ribereñas es un componente fundamental de las tramas tróficas de arroyos boscosos por su abundancia y alta tasa de descomposición respecto del material leñoso. En una cuenca de cabecera de la Patagonia andina, medimos experimentalmente la capacidad de retención de hojarasca de Nothofagus pumilio (lenga) en seis arroyos de orden 1, 2 y 3 (n=3, n=2, n=1, respectivamente) (denominados arroyos 1, 2 y 3), en dos fases del hidroperíodo (estiaje y deshielo, otoño y primavera de 2010, respectivamente).