En la producción contemporánea de artes escénicas, especialmente en contextos formativos como lo es el ciclo Carne Fresca de la Facultad de Arte de la UNICEN, la dirección teatral se concibe cada vez más como una práctica expandida que integra no sólo la construcción del acontecimiento escénico, sino también la elaboración de lenguajes reflexivos y documentales que acompañan, registran y problematizan el proceso creativo. Estos dispositivos (bitácoras, registros escritos, audiovisuales y reflexiones críticas) permiten evidenciar los esquemas y las metodologías de pensamiento y acción que el estudiante-director pone en juego al asumir, muchas veces por primera vez, el rol de dirección dentro de un marco experiencial nuevo y complejo. En este sentido, el valor de estas producciones no reside únicamente en el resultado escénico, sino también en los testimonios que los directores noveles construyen acerca de sus propios procesos de trabajo. Dichos registros dan cuenta de las decisiones, dudas, desplazamientos y aprendizajes que atraviesan el campo de la dirección teatral en sus primeros pasos, funcionando como huellas de una práctica en formación. Así, la dirección se vuelve no sólo un ejercicio de conducción artística, sino también un espacio de reflexión situada sobre el hacer, donde el pensamiento se produce en diálogo con la experiencia y queda documentado como parte constitutiva del acto creativo y pedagógico. En el caso del ciclo Carne Fresca, proyecto de producción y creación teatral universitaria de la Práctica Integrada III, que desde 2005 posibilita a los estudiantes ejercer por primera vez la dirección en el marco de un formato de ciclo teatral, esta articulación entre hacer y escribir adquiere un protagonismo singular. Los directores, la mayoría de ellos en su primera experiencia formal de dirección, elaboran cuadernos que combinan descripciones de ensayo, reflexiones sobre decisiones estéticas, notas organizativas, dibujos, desahogos emocionales y preguntas abiertas. Esta "tinta fresca” de los ensayos constituye un corpus que revela la complejidad del oficio en el marco de una formación universitaria y una primera experiencia integral de dirección, con sus tensiones y descubrimientos. Próxima a la noción de Dramaturgias de lo real, buscamos detenernos en estos registros no como meros archivos del proceso, sino como espacios donde la práctica escénica se abre a la experiencia, aloja restos, residuos y fragmentos de lo vivido, y ensaya modos de relación entre arte y realidad. La dirección se vuelve no sólo un ejercicio de conducción artística, sino también un espacio de reflexión situada sobre el hacer, en el que el pensamiento no precede ni se separa de la práctica, sino que emerge en estrecho diálogo con la experiencia concreta del proceso creativo. En este marco, las decisiones estéticas, organizativas y vinculares que el estudiante-director ensaya y reformula se transforman en materia de análisis, permitiendo hacer visible un saber que se construye en la acción y desde la acción.