En su Introducción a la lectura de Hegel, Kojève interpreta la Fenomenología del espíritu haciendo aparecer lo que él considera que es el argumento de la obra. “Argumento” debe entenderse aquí tanto en el sentido de una argumentación racional o silogística como en el sentido de trama de una obra narrativa. Ese argumento es el silogismo/trama que se despliega a lo largo de toda la Historia. “Historia” debe entenderse, según Kojève, como un espacio o écart en el seno de la naturaleza: una interrupción en el continuo natural o animal, continuo que no conoce por sí mismo la historia. Ese continuo es el espacio-tiempo de lo humano. Lo humano es una separación entre la naturaleza y ella misma, una especie de "hipo” o error de cálculos que ha comenzado y debe cerrarse. Según Kojève, entonces, la Historia hegeliana partirá desde la ruptura con lo animal y constituirá el trabajo hacia recuperar esa animalidad. Pero mientras la animalidad pre-histórica es un mero factum o datum, la animalidad post-histórica se erigirá como una estructura de derecho: el hombre se habrá ganado el derecho de ser animal. Tal es, para Hegel, el fin de la Historia como absoluto o concepto. Resulta fundamental este carácter de jure del Absoluto: si pudiera probarse que el Absoluto no puede completar la Aufhebung de la facticidad hacia el derecho (es decir, no puede ser Real, Wirklich, pues solo una estructura de derecho es Real), entonces, aun si el Absoluto ha sido alcanzado fácticamente, no es realmente el Absoluto: es un Absoluto fallido, trunco, un simulacro de sí.