El presente trabajo analiza la actuación de la Federación Rusa en la guerra de Siria en el contexto de su reposicionamiento global. A partir del estudio de sus motivaciones, percepciones y preferencias, se sostiene que la intervención rusa respondió a dos objetivos principales: la reivindicación de Rusia como polo de poder y la contención del avance occidental sobre su área de interés. Desde la autopercepción como gran potencia euroasiática y su visión de un orden internacional policéntrico, Rusia combinó herramientas diplomáticas, geopolíticas y militares para sostener al gobierno de Bashar Al Asad y proyectar su influencia en Medio Oriente. En este marco, el conflicto sirio se constituyó en un escenario clave para reafirmar su rol como actor central en el sistema internacional.