El camino al desarrollo no es lineal. La macro importa mucho. No habrá desarrollo, claro, si no logramos vencer el promedio de 60% de inflación y 31% de pobreza que nos avergüenza desde el retorno de la democracia. Pero el desarrollo también se asienta en la gestión cotidiana de programas públicos de acrónimos incomprensibles y objetivos invisibles para un debate público carnívoro sobre el dólar o las listas de candidatos, pero no para cientos de chicos nacidos vivos, miles que comprenden mejor textos en la escuela, víctimas de abuso amparadas por el Estado, cientos de homicidios evitados, barrios que se inundan menos, tienen un médico más cerca y una canilla comunitaria que le trae agua potable en vísperas de la tercera década del siglo XXI. Una base consistente para que los hijos de esas mismas familias que hoy tienen dificultades para "parar la olla” tengan mejores oportunidades en la década que se avecina.