El capítulo analiza la transición siria posterior a la caída del régimen de Basha al-Assad en diciembre de 2024, tras la ofensiva encabezada por Hay’at Tahrir al-Sham y otros grupos rebeldes. El trabajo examina los principales desafíos que enfrenta el nuevo gobierno liderado por Ahmed al-Sharaa, especialmente en torno a su intento de presentarse como una autoridad política legítima pese al pasado yihadista de HTS. A partir de un enfoque descriptivo, se abordan cuatro dimensiones centrales de la transición: la construcción institucional y la concentración del poder; la búsqueda del monopolio legítimo de la fuerza frente a la proliferación de milicias, actores armados y grupos extremistas; la reconstrucción económica condicionada por el levantamiento de sanciones internacionales; y la persistencia de tensiones sectarias que afectan especialmente a minorías como alauitas, drusos, cristianos y kurdos.
El texto sostiene que, aunque la caída de al-Assad abrió una oportunidad histórica para reconstruir Siria, la transición sigue siendo frágil, atravesada por dinámicas autoritarias, violencia sectaria, intervencionismo extranjero y profundas dificultades para alcanzar una reconciliación nacional efectiva.