La noción de autonomía estratégica ha adquirido creciente relevancia en la política internacional contemporánea, especialmente entre los Estados de Medio Oriente y el Norte de África (MENA) que buscan reconfigurar sus estrategias exteriores en un entorno marcado por la transición hacia un orden global multipolar. En este sentido, Türkiye surge como el caso de un actor que intenta posicionarse de manera independiente respecto de sus alianzas tradicionales con Occidente, sin llegar a la ruptura con las mismas. Este artículo analiza cómo Türkiye ha buscado ampliar su margen de maniobra internacional mediante una política exterior flexible, pragmática y multidireccional, forjando vínculos con potencias como Rusia y China, a la vez que busca mantener influencia en el mundo árabe-islámico, como también en Asia Central y África.
El trabajo explica tanto la conceptualización de la autonomía estratégica como su interpretación por parte de la elite política turca y su expresión concreta en decisiones de política exterior. Se examina la evolución de dicha estrategia desde la llegada de Hakan Fidan al Ministerio de Relaciones Exteriores, momento que marca un intento de consolidar una visión coherente del papel internacional de Türkiye. Se presta especial atención a los elementos estructurales —como la reconfiguración del poder global y las tensiones en la OTAN— y domésticos —incluyendo los intereses del aparato de económico, de seguridad y el enfoque ideológico del oficialismo— que han incidido en esta orientación. Finalmente, el artículo identifica los principales condicionantes que enfrenta esta búsqueda de autonomía, tales como las limitaciones materiales, las tensiones internas entre distintas agendas del Estado y los dilemas inherentes a mantener equilibrios con actores contrapuestos. Se propone una comprensión de la autonomía estratégica turca como un proceso en construcción, que contiene en su interior una serie de ambigüedades, pero representativo de una tendencia más amplia en el sistema internacional actual.