En el marco de las transformaciones contemporáneas vinculadas a la digitalización de la vida social, resulta indispensable revisar, entre otros asuntos, cómo entendemos la relación entre conocimiento, materia y cuerpo. Cabe señalar que las tecnologías digitales no solo median nuestras prácticas cotidianas, sino que además participan activamente en la producción de aquello que se reconoce como cuerpo, ya que lo cuantifican, clasifican, hacen visible o invisible según determinados parámetros algorítmicos. Frente a este escenario, las categorías modernas —que sostuvieron la separación entre sujeto y objeto, lenguaje y mundo, naturaleza y cultura— resultan insuficientes para dar cuenta de la complejidad de estos procesos. Por ello, resulta necesario explorar nuevos marcos ontológicos y epistemológicos que permitan pensar los cuerpos más allá de estos dualismos y las coordenadas de conocimiento implícitas en esta ontología. La propuesta de Karen Barad, especialmente a través de su realismo agencial, constituye una intervención teórica novedosa en este sentido. Su perspectiva crítica no solo reformula el vínculo entre conocimiento y mundo, sino que ofrece una manera de comprender los cuerpos como fenómenos material-discursivos intra-activos. En lo que sigue, presentaremos el lugar del cuerpo en la sociedad digital, atendiendo a las formas en que tecnologías y algoritmos intervienen en su constitución. En segundo lugar, exploraremos la propuesta ontoepistemológica de Karen Barad. Y, finalmente, pondremos ambas dimensiones en diálogo para abrir una reflexión sobre las implicancias éticas y políticas de nuestras formas de producir conocimiento.