Actualmente es reconocida la importancia de un abordaje sistémico en la producción agrícola, y en la horticultura en particular. Mediante esta perspectiva de los agroecosistemas, se reconoce a la producción primaria como el resultado de un conjunto de elementos interconectados, los que incluyen los insumos, procesos y productos, todos operando en un ciclo continuo y dinámico. Este enfoque implica comprender la dinámica de los flujos de energía, materia e información, como la clave para el logro de sistemas de producción sustentables.
En oposición al paradigma anterior, se encuentra la Agricultura Moderna, basada en las tecnologías surgidas a partir de la Revolución Verde, como una solución al problema del hambre en el mundo, consecuencia del continuo crecimiento de la población mundial. Esta agricultura, basada en el uso masivo de insumos como los fitosanitarios, fertilizantes, materiales vegetales de alto potencial genético, junto con el aumento de la superficie cultivada, logró incrementar la producción de alimentos, aunque no resolvió el hambre en el mundo (Sarandón, 2019; 2020a, 2021). Además, este tipo de producción intensiva en insumos y capital generó una serie de problemas ecológicos, económicos y socioculturales que ya no pasan desapercibidos (Viglizzo, 1994; Sarandón, 2019; 2020a; García et al., 2022).