Ante el desproporcionado avance de la tecnología, hoy en día resulta más difícil que nunca sostener que el ser humano vive o puede vivir independientemente de ella. Empero, el sujeto moral supuesto o presupuesto por diversas teorías éticas tradicionales suele ser el ser humano autónomo, aislado de todos y de todo, de los otros seres humanos y de las cosas. Con respecto a los artefactos técnicos en particular, es común asumir que, en determinadas circunstancias, ese sujeto recurre a ellos instrumentalmente como medios para actuar según fines en cada caso ya puestos por el humano. Desde el tecnohumanismo, Bruno Latour y Peter-Paul Verbeek identifican dos fenómenos concernientes a la ética y, en particular, a la metaética que escapan a esa imagen tradicional de lo humano. Se trata de la delegación de la agencia moral o, en otros términos, de la amoralización, así como de la moralización. Según procuro mostrar, son dos de los principales desplazamientos tecnológicos de la agencia moral "humana”.