El patrimonio es una construcción social y es también el legado que una generación deja a sus sucesores. Esta palabra aparece con tanta frecuencia en el discurso actual que todo cuanto nos rodea, desde lo individual a lo colectivo y de lo concreto a lo intangible, puede convertirse de pronto en patrimonio. El fantasma de la ruptura y del desorden que esta parece provocar ha conducido a nuestras sociedades, enfrentadas a cambios excesivamente rápidos, a buscar en el patrimonio un "refugio compensatorio”. Por ello, la sociedad demanda a las instituciones que reconozcan, preserven y defiendan todo aquello cuya desaparición podría amenazar su existencia, es decir, sus entornos naturales y culturales, sus identidades, sus valores (Llorenc Prats, 1997: 7).
Corrientes, crisol de costumbres bien arraigadas, amalgamadas por la fe y la creencia popular que sumado a su ritmo chamamecero hacen de ésta, una provincia singularmente atractiva.
Más allá de ciertos cambios y modificaciones ineludibles, propias de la fuerte evolución social, hay un gran interés en conservar con ahínco sus tradiciones originales, que los identifican, los hacen propios…