No todos los enunciados que hacemos representan al mundo. Sin embargo, todos ellos pueden ser llamados "verdaderos” sin que se nos pueda acusar de no saber utilizar bien el predicado veritativo de nuestro propio lenguaje. Predicamos verdad de enunciados normativos, éticos, estéticos e incluso de aquellos mismos enunciados con los que predicamos verdad de los enunciados de nuestro lenguaje. Comprender el funcionamiento de aquellos enunciados declarativos que no representan al mundo es una cuestión de central importancia. Este trabajo intenta proporcionar bases firmes a una teoría acerca de ciertos discursos humanos que se centra en estas intuiciones: no todos los enunciados declarativos tienen como función representar el mundo que nos rodea. Este tipo de posturas, que llamaremos "anti- factualistas”, se oponen entonces a la idea de que todos los discursos humanos sean fácticos, hablen del mundo; sostienen, en cambio, que muchos de los enunciados declarativos de ciertos discursos humanos cumplen en realidad con funciones muy diferentes, y deben, por tanto, ser tratados en forma diferente.