El interés tradicional en la historia de Israel radicaba en el lugar que poseía la Biblia en el desarrollo intelectual europeo, en la manera en que la Europa cristiana daba cuenta de su origen como civilización. La historia de Israel, pues, tenía sentido debido a que era la palabra divina revelada: primero al pueblo de Israel y luego al "pueblo de Cristo”; y porque así, a través del cristianismo, se constituía en el antecesor directo a partir del cual la modernidad occidental, con Europa como pináculo de la evolución y el progreso, construía sus orígenes culturales e históricos. "Cuando nos preguntamos acerca de aquellos que han transmitido las historias [bíblicas] y las han traído a través de los siglos como significativas -señala Thomas L. Thompson-, apenas podemos evitar la conclusión de que la historia de Israel es en su mayor parte europea. Ya sea judía o cristiana, ¿esta historia es un producto de, y ha sido central para, los propósitos mismos de Europa? Esta es, en efecto, una historia con sentido pleno para Occidente solamente, puesto que Occidente mismo la ha creado. Pero, ¿qué hay de la perspectiva de los antiguos escribas, esos que crearon originalmente las tradiciones bíblicas antes de que pasaran a Occidente? ¿Acaso su perspectiva es la nuestra?