En toda enumeración de los elementos esenciales que dieron lugar a la expansión económica de Argentina durante el período conocido como agroexportador -tema que ha sido analizado en detalle por la historiografía posterior a 1960- surge claramente como factor fundamental la continua ampliación del área dedicada a las actividades agropecuarias. El sostenido aumento de las explotaciones lanares, bovinas y agrícolas, incluso en este orden sucesivo, expandió la producción de un modo notable desde 1860, y especialmente en el último cuarto del siglo XIX, cuando estas dos últimas se extendieron en nuevos territorios resultantes de la denota indígena.
A partir de la finalmente exitosa puesta en marcha de la producción agrícola en la provincia de Santa Fe, el cultivo de cereales fue siendo incorporado en la provincia de Buenos Aires, dando lugar a explotaciones mixtas, ganó espacio a la ganadería en la provincia de Entre Ríos, y se extendió sobre las áreas vírgenes de Córdoba y La Pampa. El ritmo del crecimiento agrícola fue asombroso. Desde 1895 a 1908 la superficie cultivada con trigo y maíz se duplicó, y se triplicó la dedicada al lino. Este incremento productivo benefició especialmente a la provincia de Buenos Aires, que logró tener el 40% de la superficie cultivada con trigo, mientras que Santa Fe y Córdoba alcanzaban respectivamente la cuarta parte del total. La provincia de Entre Ríos y el Territorio de La Pampa, en cambio, aún en 1908 no habían iniciado su desarrollo como productoras de cereal. En la región oeste y sur de Buenos Aires, el área de sembrados de trigo se multiplicó diez veces en el lapso señalado.