Ramón S. Castillo desempeñó los más altos cargos del país desde 1938 hasta 1943; primero, como vicepresidente; después, desde 1940, como vicepresidente en ejercicio del Poder Ejecutivo, y por último, como presidente de la Nación al morir Roberto M. Ortiz, en 1942. Contemporáneos suyos, personajes políticos importantes, como Alvear, Justo, Ortiz, C. Saavedra Lamas, Alfredo L. Palacios, lo eclipsaron casi por completo, pero la figura de este catamarqueño reposado, socarrón, lacónico, testarudo, que actuó en uno de los períodos más críticos de nuestra Historia, no puede pasar desapercibida.