La vida y la obra de Juan María Gutiérrez, están indisolublemente unidas a la historia de la organización nacional, y a la historia de la cultura americana.
Hijo de un hogar cuyo ambiente fue propicio al desenvolvimiento de sus inclinaciones espirituales, creció bajo la égida moral de don José Matías Gutiérrez y doña María de la Concepción Granados, cuyas vidas se ligaron con fervoroso amor a los sucesos de la patria.
Aunque falleció el padre y la quiebra de una casa comercial sumió a la familia en la miseria, el joven Juan María continuó los estudios superiores con el apoyo del Ilustre Restaurador. En el Departamento Topográfico donde trabajó por recomendación de sus profesores Don Avelino Díaz y Don Vicente López, debió aseen- sos a la simpatía que le profesó el Coronel Alvares de Arenales.
En los terribles años 1858-1840, la patria vivió sobresaltada por gran anarquía. Sombras, sangre y angustias conmovieron los ámbitos del país, el ánimo de cuyos hijos agitaba la Comisión Argentina de Montevideo. Aliada a uruguayos y franceses, contaba con elementos de la Asociación de Mayo y otros, que movían la opinión en todas partes. En Tucumán estaban Marco Avellaneda y Alberdi, en Salta, Tedin. En Buenos Aires Gutiérrez, envia ba a sus amigos noticias de los sucesos de esta provincia. Sospechado y descubierto, Gutiérrez fué encarcelado y declarado cesante. Apenas salió de Santos Lugares, se refugió en Montevideo, donde se destacó como literato, y actuó al lado del General Paz. El asedio inevitable a la Nueva Troya, lo impulsó a abandonar la ciudad, y embarcado en El Edén con su amigo Alberdi, desembarcó en Génova. Recorrió Italia y Francia y regresó al Brasil. Adversa fortuna lo llevó a doblar el Cabo y establecerse primero en Valparaíso y después en Santiago.