La cambiante atmósfera espiritual del siglo pasado no fué época propicia para el estudio de las Religiones, los enciclopedistas del precedente habían legado un erróneo concepto de estas especulaciones al no ver en ellas nada más que un engaño artificioso de hombres astutos que explotaban la credulidad de las gentes, es decir, les faltó perspicacia para asignar a cada cosa su justa dimensión, y esta falta de fineza estimativa, les hizo desvirtuar el hecho religioso.
Bien está que el siglo XVIII, no habían intuido aún el verdadero sentido de la Historia, el "sentido crítico”, que al fin de cuentas no es nada más que el acto justiciero de asignar a cada cosa su merecida jerarquía; más, la enciclopedia tiene el mérito de exhumar el problema ya planteado en la antigüedad, etapa tal vez necesaria para arribar a la nuestra, tan llena de afán valorativo, en oposición a la anterior que no vió en las Religiones nada más que meras construcciones artificiosas.