El desarrollo acelerado de los smartphones y las redes sociales ha fomentado un consumo rápido, fragmentado y mayormente visual de productos culturales. Este entorno, marcado por la brevedad y la viralidad, contribuye a la aceleración del ritmo de vida y a la infoxicación, donde la abundancia de información no garantiza su calidad ni una mejor comprensión. Autores como Hartmut Rosa y Alfons Cornella advierten sobre los efectos de esta saturación informativa y la falta de profundidad en el conocimiento. Iniciativas como Pictoline intentan responder con formatos visuales breves, aunque ello también plantea riesgos en torno a la simplificación y la potencial desinformación. En este contexto, los y las adolescentes están expuestos a un flujo visual constante que puede influir en su identidad y percepciones. La Formación Visual se vuelve, así, un espacio fundamental para desarrollar una mirada crítica y reflexiva sobre las imágenes y la información que circula en la vida cotidiana.