El capítulo reflexiona sobre la diferencia entre ver y mirar, partiendo de anécdotas personales del autor vinculadas a libros, imágenes y experiencias cinematográficas. “Ver” aparece como un acto mecánico, mientras que “mirar” implica atención, análisis, juicio y emoción. A través de ejemplos como Toy Story 3, Hugo y las primeras películas de los Lumière, el autor explora cómo la mirada combina lo personal y lo cultural, y cómo la fascinación colectiva frente a las imágenes ha cambiado con el tiempo. En el epílogo aborda el impacto de las imágenes generadas por inteligencia artificial, que pueden ser técnicamente correctas pero poco misteriosas o estimulantes. Concluye invitando a ejercitar la mirada consciente frente a la saturación visual cotidiana.