El capítulo examina la producción y el consumo masivo de contenidos audiovisuales en la era digital, con un enfoque particular en plataformas como YouTube. El autor cuestiona si la viralización debe ser un fin en sí mismo o una herramienta al servicio de la obra artística, señalando que la cantidad de contenido subido es exponencial y a menudo efímero. Se detalla cómo las plataformas imponen parámetros estéticos y de edición, incentivando formatos vacíos y sensacionalistas para lograr clics y visualizaciones rápidas. Finalmente, el fragmento debate la pérdida de la práctica artística y la noción colectiva en la creación audiovisual debido a estas tendencias algorítmicas, instando a los artistas a mantener una postura crítica y buscar un estilo propio a pesar de las presiones del mercado.