El análisis de la figura de Venus en la poesía horaciana se inscribe dentro de una temática más vasta que exige la consideración minuciosa de todas la divinidades tratadas, la jerarquía que las rige, la aceptación de los aspectos heredados de la tradición o la variatio de su recepción, el papel que juegan con los héroes griegos y romanos, el simbolismo de los atributos venusinos para caracterizar una especie de su genus tenue y las referencias personales propias de Horacio.
A esto se añade el examen de la actitud religiosa del mismo autor, el problema de las influencias epicúreas y estoicas que influyen en los temas religiosos o los interfieren constituyendo una de las vexatae quaestiones más apasionantes sobre el venusino.
Señalada esta salvedad pasemos a la indagación de su Venus. Omitiremos el análisis de Venus como metonimia por amica tal como aparece en Odas I, 27,14-16 y I, 33, 13-15 y como sustantivo común con triple significación: a) amor, ej. Odas III, 9, 17-18, b) pulchritudo o venustas, ej. Odas N, 13, 17-18 con el tan entrañable y melancólico tema del ubi sunt? y c) res venerea o libido; ésta tercera acepción es muy frecuente y aparece tanto en las Odas como en las Sátiras y en las Epístolas, referida indistintamente al deseo amoroso o de procreación de los animales o de los hombres .
Nos centraremos en Venus como divinidad tratando de dilucidar los valores complejos con que el poeta grava su significación y el linaje de estas connotaciones semánticas.