Cuando comenzó este año, las proyecciones eran relativamente optimistas, si se tiene en cuenta el desempeño de la economía mundial de años anteriores. Sin este fenómeno de shock, que es la pandemia del covid-19, se estimaba un crecimiento de un 3,3 por ciento. Por lo tanto, una leve mejora en comparación con 2019, cuya tasa fue de 2,9 por ciento (Buteler, 2020).
El coronavirus ha desencadenado una serie de sucesos jamás vistos en la historia. La cuarentena, o el confinamiento social, fue una norma generalizada en todos los países. Algunos gobiernos lo hicieron más rígido que otros, pero la regla fue la desaceleración de la dinámica social. El objetivo primordial de este tipo de decisiones ha sido frenar la expansión del virus, así como también evitar el colapso del sistema sanitario.
Desde el punto de vista de la economía, estas decisiones políticas produjeron un shock de oferta y un shock de demanda que ha dado de baja todas las proyecciones y previsiones que los individuos, las empresas y los gobiernos, tenían pensado para el corriente año, y para el futuro inmediato. El shock implicó una parálisis casi total del flujo económico mundial, y está trayendo aparejado grandes trastornos en las sociedades, de la mano del aumento del desempleo, el recorte de beneficios y de salarios, y el aumento de la pobreza.
Esta situación hace que sea muy difícil prever los destinos de corto plazo, ya que se trata de un escenario cada vez más incierto y volátil, desencadenando una oleada de desconfianza, la cual, afectó de sobremanera a los mercados bursátiles en todo el mundo (Gutiérrez, 2020).