Todo enfrentamiento del artista con la crítica, es un riesgo para la crítica. Exponer, no es búsqueda de notoriedad. Es una actitud de permanencia. Es la fidelidad a un sentimiento entrañable. El juicio múltiple, coincidente, podrá consagrar un nombre. Lo cierto, sin embargo, es que el creador responde a su sino verdadero. La creación es un modo particular de sentir la vida, y las cosas que a ella pertenecen. Lo indudable, empero, es que el juicio que perfila la madurez de una obra, no modifica el desarrollo de los sentimientos que animan la pasión del artista. Porque la obra es la individualización de un estilo de vida. En ella —cuando la vida se vive en intensidad y sinceridad— se descubre el rastro más hondo de una existencia consagrada a ser uno mismo, ser invariable en la mismidad.