Difícilmente se pueda hablar sobre la realidad cultural española de los últimos años del franquismo y primeros de la restitución de la democracia sin que surja una cita, o un comentario, o una imagen de la revista Triunfo, punto de referencia y encuentro de un amplio espectro de españoles disidentes de la ideología oficial, deseosos de quebrar las fronteras materiales y simbólicas impuestas por el régimen. Desde sus comienzos en Valencia en 1946 como revista de cine y espectáculos, pasando por su edad dorada en los años setenta, hasta su desaparición en Madrid en agosto de 1982, los 933 números de Triunfo encierran claves insustituibles de la historia de España más reciente. Tomando prestadas las palabras del escritor Juan José Millás, la "rara mezcla de inteligencia y de valor moral" que supo conjugar Triunfo constituye una primera hipótesis para llegar a comprender tanto el papel fundamental que desempeña en la historia del cuestionamiento al régimen, como las razones de una supervivencia de casi cuatro décadas en un medio hostil a la prensa independiente. En la actualidad Triunfo es objeto de estudio(1) en distintas universidades españolas y extranjeras; la tarea, ya iniciada, de realizar una investigación rigurosa de las múltiples redes del semanario con la realidad cultural, política y social de su tiempo se muestra hoy como ardua y necesaria. El cuestionario que sigue quiere ser una breve muestra de la profunda huella que Triunfo dejó en el entramado cultural de su época, así como del vasto campo de estudio abierto a los especialistas. La paciencia y la generosa disposición de las consideradas figuras cardinales de Triunfo, su director José Angel Ezcurra y los escritores Eduardo Haro Tecglen y Manuel Vázquez Montalbán han hecho posible la nota que hoy publica Olivar. La tecnología hizo el resto, permitiendo conciliar las charlas en la antigua sede del Conde del Valle de Suchil 20 con el cable de fibra óptica, los encuentros en Barcelona con el intercambio satelital e, incluso, permitiendo en algún caso, confiar todo el peso de la comunicación a la vía digital. Las distintas conversaciones se convirtieron finalmente en un cuestionario repartido en dos series de preguntas, la primera común, la segunda diferenciada según la distinta trayectoria de los entrevistados.