La cómica escena que el autor imagino en la dedicatoria de la Segunda Parte del Quijote tuvo el extraño privilegio de oficiar, mudados los tiempos y los puntos del orbe, de clarísima cifra del impacto editorial y cultural de la propia obra. La historia de don Quijote no sólo fue trasladada a las lenguas de naciones vecinas en el mismo siglo que la vio nacer sino que también inauguró, en un sinfín de confines, la presencia de la cultura y la lengua española.