EI aspecto de la mujer revela que no está destinada ni a los grandes trabajos de la inteligencia, ni a los grandes trabajos materiales. Paga su deuda a la vida no con la acción, sino con eI sufrimiento; tiene que obedecer al hombre, ser una compañera que lo serene. No está hecha para los esfuerzos ni para las penas. Su vida puede transcurrir más silenciosa, más insignificante y más dulce que la del hombre, sin ser, por naturaleza, mejor ni peor que este. Lo que hace a las mujeres particularmente aptas para cuidar la primera infancia, es que ellas mismas continúan siendo pueriles, fútiles y limitadas de inteligencia. Permanecen toda su vida, niños grandes, una especie de intermedio entre el niño y el hombre.