1830. El territorio de la República Oriental se veía agitado por la enconada lucha entablada por F. Rivera para apoderarse del mando y desalojar así al héroe de la Cruzada de los 33 y fundador del nuevo Estado, José A. de Lavalleja. En mayo de dicho año producíase un nuevo choque. Lavalleja, en un manifiesto dirigido al país, explicó las causas provocadoras del nuevo levantamiento y al hacerlo puntualizó la estrecha colaboración que Rivera obtenía por parte de los emigrados unitarios argentinos. Empero, el 18 de junio de 1830, ambos jefes llegaban a un acuerdo. Rivera fué repuesto en la Jefatura del Ejército de línea. Complementando esos atisbos de paz llegó la noticia, grata para todos los orientales, de haber sido aprobada la Constitución por los gobiernos de la Confederación argentina y del Imperio.