A punto de entrar en prensa el número de esta importante revista, el doctor Ricardo Levene solicita de mí unas páginas que condensen mi pensamiento acerca de la disciplina que voy a tener el honor de profesar en la Facultad de Humanidades. Cumplo el gentil mandato del señor decano, y, a toda prisa, en medio de las abrumadoras tareas que cercan siempre al recién llegado, redacto unas páginas que, si nada nuevo pueden enseñar a los lectores de Humanidades, valdrán, en todo caso, como un saludo respetuoso a esta ilustre Facultad, y como muestra del buen deseo que anima a quien viene de España dispuesto a vivir plenamente la vida universitaria de este admirable país.