Careciente el panorama histórico de perspectivas profundas, difícil es columbrarle con serenidad. Entre el tiempo pretérito y el presente interpónese el celaje de los prejuicios patrióticos o de bandería, que alterando sus contornos menoscaban y confunden el sentido crítico y el poder de deducción. Todo aquel que amare lealmente a su país, una vez puesto en la tarea, debiera estudiar sus elementos y fenómenos primígenos sometiéndoles a métodos analíticos y positivos para aquilatar con justeza el espíritu histórico argentino.