Investigar los orígenes de las leyendas caballerescas es tarea que han emprendido con entusiasmo muchos y peregrinos ingenios, aunque hasta ahora sin resultado satisfactorio. Suponen algunos literatos, y entre ellos M. Villemarque (Contes populaires des anciens bretons) y Gastón Paris (La légende du Tanhduser) que las fábulas caballerescas tuvieron origen en la Bretaña Grande y en la Armónica, donde ya eran conocidas en el siglo VI. Sea cualquiera el grado de veracidad que deba darse a esta afirmación, que desde luego no está comprobada, merece consignarse una doble observación: que estas leyendas son anteriores a la desaparición del latín, como idioma corriente y que la primera forma empleada para la divulgación de estas leyendas fué la poética y no la prosa; es decir, que primero fueron los romances y después vinieron los libros.