Un desiderátum del hombre, como ser consciente, ha sido el de resolver los grandes problemas de la vida y en develar las incógnitas que le cierran el paso en el camino del conocimiento. Desde las investigaciones geológicas y paleontológicas, encaminadas a hallar vestigios sobre el origen de la tierra y del hombre, hasta las experimentaciones químico-biológicas tendientes a explicar el misterio de esa desconocida esencia llamada «vida», la humanidad ha transcurrido su existencia en la angustia de una búsqueda infructuosa. Pero si en el terreno práctico las investigaciones no han hallado solución de continuidad, en el filosófico, sin encontrar un non plus ultra, los pensadores han creído dar con la clave de tantos desvelos, basados en el frío razonamiento de la lógica. El hombre necesita una verdad, porque hasta el delincuente dominado por bestiales atavismos recurre a un razonamiento justificativo de sus impulsos, que calme su semidormida conciencia.