Como es sabido, esta imprenta fué peticionada por las auto-ridades de Montevideo, para contrarrestar la propaganda revolucionaria de Buenos Aires, que cada vez se hacia más efectiva, aun en la misma plaza, por la presencia de algunos agentes secretos, como Feliciano Cavia y otros, que no sólo se encargaban de hacer correr las hojas impresas, de enviar noticias e informes, sino que también urguían intrigas, explotando los resentimientos y rivalidades de los cuerpos militares y las actividades absorbentes de Salazar, jefe del apostadero.