La tradición oral de los pueblos corre como las aguas de un río, y así como éste se desliza desde su origen, a veces oculto entre las gargantas de las quebradas impenetrables, y va gradualmente formando un torrente que lleva en suspensión y en arrastre el limo con que fecunda la tierra, así también la tradición oral de los conocimientos del pueblo, las razas, las familias humanas, reciben de sus antepasados un acervo tradicional casi siempre envuelto en la forma del mito, impenetrable para el historiador moderno, pero acervo al fin que, al unir el pasado legendario a la verdad presente, forma el caudal de la tradición que es el alma de los pueblos. Y asi como los ríos se agostan, así también la tradición suele extinguirse; y de la misma manera que un paleontólogo va descubriendo en las estratificaciones que formaron los aluviones fósiles de seres que han vivido en aquellas corrientes, así también los que nos consagramos al estudio de la tradición oral del pueblo argentino, vamos poco a poco descubriendo en su memoria los rastros del modo de pensar y de sentir de nuestros antepasados.